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Un medicamento que se usa para combatir el COVID-19 podría reducir el sangrado menstrual abundante

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Un medicamento barato que se usa para combatir el COVID-19 también podría ayudar a millones de mujeres que sufren de menstruaciones abundantes, según sugiere una nueva investigación que acaba de publicar un equipo de trabajo de la Universidad de Edimburgo.

En él se ha demostrado que la dexametasona, el esteroide utilizado para tratar al presidente Donald Trump durante su ataque de coronavirus el año pasado, y que se utiliza habitualmente como una alternativa para salvar las vidas de pacientes hospitalizados con este virus. Este estudio muestra que el medicamento, que cuesta menos de 7 dólares, se puede usar para tratar a mujeres que tienen menorragia.

La investigación podría allanar el camino para que la dexametasona pase a integrar un esquema posible de terapia segura y eficaz, la primera clase nueva de tratamiento para el sangrado menstrual abundante en casi 20 años.

El sangrado menstrual abundante (HMB, por sus silgas en inglés) disminuye la calidad de vida de muchas mujeres de mediana edad e impone una carga social sustancial. El grupo de trabajo investigó sobre una hipótesis de que el HMB refleja una vasoconstricción endometrial alterada debido a la deficiencia de glucocorticoides endometrial. La idea fue probar si era posible revertir esta deficiencia, mediante el tratamiento a corto plazo de la fase lútea con glucocorticoide exógeno (dexametasona), y con ello mejorar el HMB.

Los investigadores escoceses encontraron que el medicamento, tomado en forma de píldora, puede reducir el flujo sanguíneo en casi un 20 por ciento cuando se toma durante la menstruación. “La menstruación y el sangrado menstrual abundante siguen siendo temas tabú y los pacientes no informan sobre el impacto debilitante de este último. Nuestros hallazgos abren el camino para un estudio más a fondo de la dexametasona como una posible terapia segura y eficaz”, sostuvo Hilary Critchley, autora principal del estudio y profesora de Medicina Reproductiva y consultora honoraria en Obstetricia y Ginecología de la universidad.

Es la primera vez que se prueba un esteroide antiinflamatorio para tratar este problema de salud común, que afecta a una de cada cuatro mujeres y puede persistir durante años. Puede causar anemia, fatiga y dolor, así como obligar a quienes la padecen a permanecer en sus hogares por temor a la vergüenza social. El tratamiento más utilizado para reducir el sangrado menstrual es un dispositivo de liberación de hormonas que se inserta en la cavidad del útero, y resulta muy eficaz. Sin embargo, casi una quinta parte de las nuevas usuarias no están satisfechas con los efectos secundarios, que incluyen hemorragias impredecibles. Tampoco es adecuado para mujeres que están tratando de quedar embarazadas. Al mismo tiempo, ha sido una opción criticada por ser dolorosa cuando se coloca y por causar cambios de humor, problemas en la piel o sensibilidad en los senos.

El estudio publicado en la revista EBioMedicine, examinó el uso del fármaco antiinflamatorio entre 107 mujeres de todo el Reino Unido. Todas las voluntarias tenían entre 21 y 54 años y habían experimentado sangrado menstrual abundante. Las mujeres que recibieron una dosis de 0,9 mg de dexametasona dos veces al día durante cinco días mostraron una reducción promedio en el volumen de pérdida de sangre menstrual del 19 por ciento.

La doctora Pamela Warner, integrante del Instituto Usher de la Universidad de Edimburgo, quien también formó parte de la investigación, aseguró: “Este ensayo se desarrolló a partir de una investigación de laboratorio innovadora y años de colaboración multidisciplinaria entre médicos y metodólogos, combinada con la experiencia especializada en nuevos enfoques eficientes y éticos para el diseño de ensayos. “Ha sido un viaje emocionante y gratificante”.

El esteroide, que reduce la cantidad de daño en los pulmones, se usa como práctica estándar en los hospitales del Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido, lo que reduce la necesidad de ventiladores por parte de los pacientes. Un estudio realizado por la entidad de prestaciones sanitarias públicas a principios de este año estimó que el medicamento ha salvado al menos 22.000 vidas en el Reino Unido y un millón en todo el mundo.